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  • Paula Escobar P.

Maté a mi Madre!


En enero 2010 mi muere mi madre víctima de un cáncer fulminante, este hecho me hizo entrar en una dimensión desconocida, en donde no me fue posible distinguir ni tiempos ni espacios, por un momento todo desapareció.

Un día cualquiera después de su muerte, no sabría decir cuanto tiempo después, repentinamente sentí alivio y algo de felicidad de que mi madre no estuviera, sentí una ligera liberación, pero esa sensación “agradable” luego me hizo sentir mucha culpa, ¿cómo me voy a sentir aliviada de que mi madre este muerta?

Esto me hizo entrar en mi e indagar en ese sentimiento, con acompañamiento terapéutico claramente y descubrí que la relación con mi madre siempre la sentí algo difícil, tanto así que evitaba contarle cosas de mi por miedo al juicio y la exigencia posterior.

Muchas veces sentí que mi madre si fuera una “buena madre” tendría que hacer otras cosas o no hacer varias otras.

Muchas veces sentí su distancia y hubiese querido que fuera diferente y en este punto me di cuenta de algo vital, cuanto yo esperaba de ella, cuales eran mis expectativas, cuál era el concepto de madre que había construido en mi cabeza, alimentada por el ambiente en el que vivía y los modelos cercanos existentes.

Me di cuenta que a mi madre real la sometía a una evaluación constante de mi madre mental, la perfecta y en eso también cómo ejercía mi propia maternidad desde este concepto.

Este descubrimiento me hizo sentir algo injusta con mi madre real y “decidí matar a mi madre”, la que había construido en mi mente, esa que no existe.

Al matar a mi madre mental, comencé a re-conocer a mi madre real, comencé a “aceptar a mi madre”, esa aceptación con lo bueno y lo malo, así tal cual me toco, comencé a verla como una mujer, comencé a ver su historia desde otra perspectiva.

Mi madre había nació y crecido en un lugar con muchas carencias, logró salir adelante y hacer un camino propio, muchas veces contraviniendo lo establecido y "crió a sus niñitas" lo mejor posible, con los recursos emocionales y económico que pudo, muchas veces hizo maravillas con muy poco e hizo de ella una mujer valiente, muy perseverante y con objetivos muy claros, aunque eso no siempre me vino tan bien.

Al matar a mi madre mental también pude mejorar el ejercicio de mi propia maternidad, no debo ser tan perfecta, ni actuar a través de ni un protocolo, puedo ser yo y darles lo mejor de mi a cada uno de mis hijos, mi propia experiencia de felicidad se las transmitiré en la medida que la vivo, no en la medida de un protocolo establecido por quizás quien.

Hoy no solo acepto a mi madre, si no que la admiro y le agradezco, una parte de lo que soy es gracias a lo que me dio y lo que no me dio, otra parte de mi se construye al transitar mi vida como un camino de aprendizaje que no termina nunca y otra parte de mi esta hecha al conocer el amor incondicional con mis hijos.

No todas las experiencias de madre e hija son “buenas”, solo son y ellas, las que nos criaron, nos dieron lo que pudieron de acuerdo a sus recursos, el resto lo debemos construir cada uno de nosotros, mirar en nuestro interior y descubrir a nuestra niña interior, la que tiene miedo, rabia o frustración y abrazarla, hacernos cargo y decirle que todo se solucionara, la mayoría de las veces las soluciones deben ser acompañadas por un terapeuta que nos ayude a recorrer este camino, pero todo esta en tus manos y no sirve vivir culpando a otros.

Abrazo a mi madre real, abrazo a mi niña interior, abrazo a mis hijos y reconcilio mi historia para seguir adelante.

¡¡Feliz día de las madres!!

Sabiduría y tranquilidad para ti.

(Foto con mi madre en Teatro Municipal de Santiago, Noviembre 1976)

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